Si el olvido nos permite recordar

La noble e hidalga Tunja ha sido refugio de muchos de nosotros, los muiscas por ejemplo, se resguardaron aquí en el altiplano cundiboyacense desde el siglo VI a.c. nuestros antepasados lograron una excelente combinación entre  su sabiduría y las riquezas naturales que su entorno proporcionaba, un estudio realizado por la UPTC “Rev.Salud.hist.sanid.on-line. 2(2) 2007” afirma que los muiscas lograron grandes avances en técnicas de la agricultura, explotación de la sal y de esmeraldas.

Fotografía Bohío  Tunja UPTC

Cultivaban coca, frijol, quinua, ají, tabaco, maíz ibias. Cubios, chubios, curubas, papa y muchos otros productos que han quedado en el olvido, es más, ¿Qué tal si se extinguieron, y si eran medicinas naturales contra el cáncer, el sida, la pulmonía o el reumatismo? No lo sabemos, y probablemente tampoco lo sabremos, lo cierto es que permitieron el desarrollo y supervivencia de este  pueblo indígena.

Es indudable que existen unas permanencias culturales en nuestro departamento, pero es lamentable como hemos dejado que la sabiduría de labrar nuestra tierra se deteriore cada vez más, ya no nos gusta lo que hacían nuestros abuelos , nos parece un martirio vivir en el campo y no nos importa que esas costumbres se pierdan, no le damos el verdadero valor de desarrollo que encierra dicho proceso, esto ocurre porque no lo conocemos, además creemos que ya no es necesario, no logramos entender que una de las necesidades primordiales del ser humano es alimentarse, y ninguna tierra tan prospera como la nuestra para ese fin.

Fotografía Bohío Tunja UPTC

Boyacá, es la cuna de la papa, la Alcarrosa, el Corazón de Anita, la Panqueva, Carrinza, Negra, Paramuna, Gueva e gallo, Criolla yema e huevo y la pastusa,  que son tan solo algunas de las 120 variedades de papas antiguas  que se encuentran en Boyacá, así lo demuestra un registro encontrado en el Museo arqueológico de Tunja UPTC.

Y es lamentable que no salgamos de la definición de papa salada y papa amarilla, que no tomemos chicha, porque creer  nos vuelve “brutos” una afirmación que no va más allá de fines mercantiles, una estrategia de industrialización para posicionar la cerveza como un factor activo de nuestra sociedad.

Todo se nos ha convertido en un negocio el agua, las plantas, la tierra, el sol, el aire y en fin, lo natural. Nos hace falta conciencia de uso, Por esto, si el olvido nos permite recordar, es hora de que intentemos recupera nuestra memoria cultural, que la rescatemos y que proporcionemos a nuestras futuras generaciones una parte de ese bello mundo de riqueza ancestral, es hora de gritarle al mundo que la tecnología a contrarrestado nuestra capacidad en el campo, que los químicos atrofian los terrenos y los vuelven inertes, que en unos años, no habrá quien  siembre, y lo más lamentable donde sembrar.

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