¡Lo que nos falta!

Somos protagonistas de una sociedad en mejoramiento donde los deterioros son flagrantes y las transformaciones en tecnología hacia una mejor comunicación nos impiden observar el mundo, conocer historias y en ocasiones leer un buen libro.

El periodismo a mi parecer no es más que la grandiosa y bella posibilidad de contar lo que a muchos les interesa y la osadía de contarlo bien, de  generar en los lectores un carácter crítico ante la sociedad y la complacencia de que sea veraz,  el reportero puede no saber mucho y a la vez debe tener conocimiento en  todo, Así como lo afirma Miguel Ángel Bastenier “el periodista debe tener  mucho de historiador, porque trabaja con el material que se convertirá un día u otro en forraje de la historia; tiene mucho de sociólogo porque está haciendo sociología aunque sea de forma primaria; tiene también mucho de novelista porque trabaja con un material novelable; y, además, tiene mucho de político porque el periodista es la suma de todas las cosas que no es”

Gabriel García Márquez ha nombrado al  periodismo como “el mejor oficio del mundo” una apasionada labor que requiere de exigencia y de conocimientos, pero que también ha decaído con el pasar del tiempo; Gabo muestra su desconsuelo ante la crisis de buenos periodistas y la manía de muchos de obtener fama por ser parte del oficio, se preocupan por ser los primeros en dar la noticia aún sin importar que tan verídica sea la información, como lo insinúa  Gabo No los conmueve el fundamento de que la mejor noticia no es siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor”

Y es que en el afán de ser quienes pretendemos, hemos descuidado lo que somos; y en la pretensión de ser los mejores, vamos tan de prisa como la tecnología hacia el futuro, sin importar con quien arrasamos a nuestro paso como si el fin justificara los medios y convirtiendo a la ética en un vestido fácil de quitar y poner en cualquier lado.

Bastenier asegura que  “el periodismo no se enseña, se aprende” Gabo complementa diciendo que Tal vez el infortunio de las facultades de Comunicación Social es que enseñan muchas cosas útiles para el oficio, pero muy poco del oficio mismo” interrumpiendo el valor de la experiencia.

Otro grave problema en los reporteros de hoy  es el uso inadecuado de la grabadora de voz que por ser un aparato tecnológico que guarda cada suspiro, cada palabra o cada risa de una conversación descuidamos el momento del dialogo, no miramos al entrevistado a los ojos, no confiamos en nuestros conocimientos, no apuntamos los valores descriptivos del personaje, del lugar o de la hora, descuidamos su mirada, su sonrisa, el tamaño de sus manos, su color de cabello o su forma de vestir; esto pasa por la plena confianza que tenemos en la grabadora, ella “oye pero no escucha, repite -como un loro digital- pero no piensa, es fiel pero no tiene corazón, y a fin de cuentas su versión literal no será tan confiable como la de quien pone atención a las palabras vivas del interlocutor” Gabo.

En resumidas cuentas nos sobran grabadoras, redes sociales y oficinas, a cambio  nos falta mucho, hace falta calle y zapatos para recorrerla, falta entrega y dedicación, escasea el compromiso con el oficio mismo, con nosotros y con los demás, nos falta creer y crear, y sobre todo nos falta soñar que este sí es el mejor oficio del mundo.

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